lunes, 4 de junio de 2012

Y volaré con las alitas empapadas en sangre

Ni siquiera me atrevo a pensar en que alguna vez tendré familia. No quiero que se me entienda eso como que reniego de todo lo que se me ha dado y de las personas que siempre han estado allí dándome su apoyo. Sucede que, entiendo que una familia está conformada por varias personas cuyo vínculo es cercano y en la cual hay buena relación entre los integrantes. Por eso, mi familia no es familia.

La situación es que mamá está en el limbo de su vida, donde lastimosamente terminó siendo un estorbo no solo para los demás, sino para ella misma. Yo lo sé, ella lo sabe. Y no es que me guste esta sensación, por el contrario me siento miserable al pensar eso. Mi propia madre, la que me dio vida, esa mujer cuyas arrugas son el recuerdo de un pasado que ahora parece no valer nada; ni la experiencia, ni la sabiduría, ni nada. Es como su todo su existir se halla reducido a ser una mujer madura sin pasado, ni presente, ni futuro.

Sé que tengo que ayudarla, sé que debería hacerlo. Bueno, ya lo he pensado antes y creo que siempre llego a la misma idea. 

Ella seguramente vendrá, un día como cualquier otro, con sus pocas pertenencias y una sonrisa que mendiga compasión. Me dirá que ha cambiado y que nos tocará aguantarnos pero al final todo saldrá bien. Fingiré como que me importan sus palabras y más aún, plantaré semillas de falsa esperanza con el fin de que la amargura no se pose en nuestros corazones desde el primer momento.

Así pasarán nuestros días y yo, agobiada por la magnitud de mis responsabilidades, mi mal genio y el suyo, me diré una vez más que todo fue un error desde el momento en que nací y le reprocharé lo inconforme que siempre he estado con mi vida. Ella, con la culpa (que nunca he logrado saber si en verdad es culpa) de su pasado, se pondrá tan gruñona como siempre, y alegará que todos estamos en contra de ella y que se irá y no sabremos más de ella.

Si tan solo supiera que eso sería tan horriblemente maravilloso... me siento como un monstruo al pensar esto, pero me gana el sentimiento de alivio que ello me brinda. Si, he pensado tantas cosas que sería bonito el que se me ocurriera algo nuevo... su muerte, la mía...

Después de que sintamos que ya la cosa no da para más, pensaré en finalmente darle un maldito fin a este circulo tan absurdo de nuestras vidas. Compraré pastillas, o veneno, o me colgaré de un techo. Es verdad que mi futuro puede ser muy prometedor, pero y qué? Supongo que la idea del suicidio nunca ha dejado de parecerme provocativa.

Y es así como terminará la historia, un final para todo este mal rollo. Menos mal que nunca me entusiasmaron los finales felices :p


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